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Ser o no ser: la lucha por la autonomía reproductiva

Durante el aniversario de Digna, Natalia Ramírez, una de sus fundadoras, destacó una observación importante: en la actualidad, el mercado laboral no solo no facilita, sino que limita las opciones reproductivas de las mujeres. Esta afirmación sale de uno de los informes recientes de Digna sobre decisiones de fecundidad, el cual revela que las mujeres con educación a menudo consideran no tener hijos. Entre las razones que estas mujeres señalan se encuentra el costo que representa tener que poner en pausa la vida profesional y laboral de quienes se convierten en madres. En economía a esto se le conoce como la penalidad por tener hijos, y se ha mostrado que alrededor del mundo esto afecta desproporcionadamente más a las mujeres que a los hombres. Es decir, para muchas mujeres la maternidad representa un obstáculo para su desarrollo profesional y se ven forzadas a elegir entre su carrera y la familia, enfrentándose al elevado costo de ser madres mientras persiguen sus metas profesionales.


Es interesante destacar que esta difícil decisión rara vez la enfrentan los hombres, ya que el lento cambio social hace que los costos de tener una familia recaigan principalmente en las mujeres. Ya lo decía Deborah Levy en su libro El costo de vivir: “Se requiere habilidad, tiempo, dedicación y empatía para crear un hogar que todos disfruten y que funcione bien (...) Esta tarea todavía se percibe mayoritariamente como trabajo de mujeres.” Esto lo escribió Levy en 2018 y los resultados de otras investigaciones de Digna confirman que no ha cambiado mucho el rol de las mujeres dentro del hogar. Pero sin duda lo que ha cambiado es que, como recientemente señaló Florence Thomas en una entrevista, “para las jóvenes ya no es problema decir que no a la maternidad”. Y no solo es decir “no” a la maternidad, sino que ahora las mujeres tenemos acceso a métodos seguros y relativamente baratos para controlar nuestras decisiones.


Hace poco conversaba con mi mamá sobre mi investigación acerca de la transición demográfica en el país. Estábamos hablando de cómo en 1969, Profamilia sacó una campaña radial en la que promocionaba sus clínicas recién inauguradas donde se distribuían métodos anticonceptivos e invitaba a las mujeres a consultar a sus esposos y acudir a Profamilia. Por supuesto el acceso a métodos anticonceptivos en los años 70 estaba restringido solo a mujeres casadas que además tuvieran el aval de su pareja, y en condiciones excepcionales a mujeres que contaran con el aval de sus padres. De esa conversación surgieron historias de mi mamá y de mis tías. Por ejemplo, mi tía Rosalba, abogada y madre de dos hijas y dos hijos, cuando dio a luz a su cuarto hijo en 1994, decidió no tener más. En aquel momento, manejar la crianza de niños de 12, 8 y 4 años, más un recién nacido, mientras trabajaba en la alcaldía de Pereira, era una verdadera hazaña. Así que justo después de dar a luz, optó por someterse a una cirugía para no tener más hijos. Sin embargo, en 1994, ella no podía tomar esa decisión por sí misma; tuvieron que esperar a que mi tío Hernán llegara para firmar un documento que autorizaría la ligadura de trompas. Mi mamá vivió algo similar en 1995, cuando tras una operación en la que le extirparon un ovario, decidió ligarse las trompas. También necesitó la autorización de mi papá. Estas historias parecen anécdotas, pero eran una realidad.


En el 2011, yo miraba con fascinación la posibilidad de decidir no ser mamá y de optar por el método que consideraba se alineaba mejor con lo que imaginaba en mi vida. Lo que más me fascinaba era poder tomar esa decisión por mí misma, sin el aval de una pareja, ni de mis papás, ni tampoco del Estado. Me alegraba por supuesto contar con el apoyo de mis papás, quienes desde sus distintas maneras de ser y de habitar el mundo cultivaron en mí la posibilidad de reclamar autonomía sobre mi cuerpo. Me sorprendía mucho que el procedimiento fuera tan fácil y que además fuera gratuito. Por supuesto algunas personas opinaron que me arrepentiría de mi decisión de no tener hijos, pero su opinión nunca limitó mis derechos a decidir sobre esto. Creo que hoy sigue siendo igual de fácil decidir no ser mamá, incluso ahora creo que menos personas piensan que uno se va a arrepentir. O al menos ya no me lo dicen tanto.


Lo que parece más difícil ahora es decidir ser mamá a pesar de la mayor libertad en salud reproductiva. Con la evolución de las mujeres como trabajadoras y el cambio incipiente en los roles de género en el hogar, aumenta la probabilidad de que enfrentemos costos excesivos en tiempo y dinero. Esto se agrava aún más por el hecho de que seguimos siendo las principales cuidadoras y además se exige que seamos  proveedoras económicas. Todo esto restringe nuestra capacidad de tomar decisiones libres y nos coloca en una posición de desventaja en términos de negociación dentro del hogar e incluso puede hacer más difícil tomar decisiones importantes, como el divorcio.


Estos relatos ilustran la problemática a la que se enfrentan muchas mujeres: la imposibilidad de tomar decisiones libres sobre su maternidad, siempre condicionadas por factores externos. Hace unas décadas era imposible decidir por una misma no ser mamá.  Hoy, aunque hemos avanzado en garantizar los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres para que puedan decidir libremente si tener hijos o no, parece que existe una penalidad en el sentido opuesto: para las mujeres que sí quieren maternar es cada vez más costoso ser madres.


En un mundo donde la caída de la población es una creciente preocupación, es crucial diseñar políticas públicas que reduzcan los costos asociados a la maternidad, no solo a través de servicios de cuidado como jardines infantiles, sino sobre todo abordando los costos sociales desproporcionados que recaen exclusivamente sobre las mujeres.



 

 Sobre la escritora

Juliana Jaramillo




Investigadora Jr. en el Banco de la República de Colombia y trabaja en el Centro de Estudios Regionales (CEER) en Cartagena. Su investigación se centra en el estudio de cambios socioeconómicos en Colombia y de sus desigualdades. Sus intereses principales de investigación son los cambios demográficos, el desarrollo histórico y la persistencia del estatus social en el largo plazo. En 2023 obtuvo un doctorado en London School of Economics. Tiene una maestría LSE y es economista de la Universidad de Antioquia.









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